Cambio Climático en Cancún: la celebración resignada de lo posible

Gerardo Honty

No hay unanimidad sobre la evaluación del Acuerdo de Cancún. Y esto depende de la perspectiva de la mirada y de las expectativas previas que se tenían de este 16ª encuentro de los países signatarios de la Convención Marco en Cambio Climático.

Desde una perspectiva estrictamente climática, el acuerdo es un rotundo fracaso pues no logra avanzar un ápice respecto de la situación previa. No se adoptan las reducciones de 40 % respecto de 1990 en los países desarrollados, ni la desviación del 30% en la curva de crecimiento de los países en desarrollo. Y estas metas con el horizonte del año 2020 son decisiones imprescindibles e impostergables a la luz del conocimiento científico actual para evitar el cambio climático peligroso.

Desde el punto de vista de la equidad y la justicia internacional, lo aprobado en Cancún tampoco avanza nada respecto a la situación anterior. Los países que más contribuyen al el cambio climático siguen sin asumir sus responsabilidades (me refiero a los países “desarrollados”), y los mayores emisores actuales y mayores responsables en un futuro cercano (me refiero aquí a varias economías “emergentes”), tampoco asumen las suyas. Entretanto buena parte del mundo sin ninguna responsabilidad y fuertemente impactado por el cambio climático, sigue sin recibir el apoyo necesario para hacer frente a esos efectos.

Pero si el resultado se analiza a la luz de lo que se esperaba antes de la reunión el resultado es positivo. Claro, las expectativas previas a Cancún eran cercanas a cero, por lo que un resultado positivo no necesariamente es para festejar. Prácticamente con mantener a los países del mundo sentados en torno a la misma mesa un año más ya podría considerarse todo un logro. Puede agregársele el haber acordado una institucionalidad que se haga cargo de la recolección y distribución de los fondos que serán transferidos a los países en desarrollo para hacer frente al cambio climático. Y también puede sumarse entre los logros el haber definido el marco general en el que se implementarán los proyectos REDD+. Esto permitirá a los países en desarrollo recibir una remuneración por la conservación de bosques y otras actividades cercanas.

Los resultados

¿Era posible obtener mayores resultados? No. Realmente las condiciones nacionales de muchos países hacían inviable que asumieran algún tipo de compromiso. Estados Unidos, Canadá y Japón, venían de sufrir reveses legislativos importantes en sus asuntos internos sobre el clima. Era más que improbable que aceptaran ir más allá de lo poco que habían ofrecido en Copenhague. Sobre todo si no había alguna contrapartida por parte de los países en desarrollo, particularmente de las economías más poderosas como China, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, India, Brasil, México, entre otras.

Pero en los países en desarrollo los gobiernos están lejos de aceptar límites a sus emisiones en tanto lo consideran parte de su derecho al desarrollo. A su vez, sus gobernados tampoco están dispuestos a aceptar algún tipo de restricción a sus ansias de desarrollo, por lo tanto era improbable que llegaran a Cancún con alguna novedad al respecto.

En última instancia los gobiernos se deben a sus votantes (al menos en aquellos países donde se vota), y cualquier decisión que el público interprete como un recorte al crecimiento económico sería muy mal recibida. Por lo tanto buena parte de la responsabilidad por la falta de un acuerdo más efectivo puede endilgársele a los gobiernos. Pero también debe en parte ser considerado como una muestra de que el crecimiento económico aún sigue siendo un valor más poderoso que la estabilidad climática para la mayoría de los habitantes del planeta.

Las comparaciones

¿Cuál fue la diferencia con Copenhague? Hay bastante coincidencia en que una buena porción del resultado obtenido se debe a la forma de conducción de la COP que estuvo a cargo de la canciller mexicana Patricia Espinosa. A diferencia de lo que aconteció en Copenhague en 2009 donde la mayor responsabilidad por el fracaso le fue atribuido a la presidencia danesa. Considerando que no ha habido cambios de contexto internacional substanciales entre una y otra COP (conferencia de las partes), es bastante probable que esto sea cierto. También es probable que todos los países hayan tenido una sensación de derrumbe pos Copenhague y que se hayan avenido a flexibilizar algunas de sus posiciones para evitar una catástrofe mayor.

En cualquier caso, Espinosa evitó caer en la tentación de presentar un texto que no surgiera de los ámbitos de negociación a pesar de la lentitud de los avances en los grupos. Apostó a ello y al final dio sus frutos. El gran destrabe se dio en las últimas 24 horas de las negociaciones donde todo pareció adquirir un ritmo de vértigo, hasta alcanzar los textos finales en el anochecer del último día.

La posición de Bolivia

La nota discordante la dio Bolivia, quien mantuvo su posición de no acompañar un acuerdo que a su juicio no conduce a la necesaria reducción de emisiones para mantener la temperatura por debajo de un aumento de 1 a 1,5 ºC, que no asegura que existirá un segundo período de compromiso, y que en general no recoge las principales posiciones bolivianas.

Pero esta vez el reclamo de Pablo Solón (jefe de la delegación boliviana) no contó con el apoyo de los países del ALBA (principalmente Venezuela, Cuba y Nicaragua), los que en la COP anterior habían acompañado sus planteos. Fue particularmente impactante ver a Claudia Salerno, la principal negociadora venezolana, quien habitualmente hace gala de un discurso desafiante y confrontativo, asumir un tono cordial, aplacado y hasta emotivo, en el plenario final. Diría que finalmente su lado femenino logró sobreponerse al recurrente lado masculino de su ser que suele ganarla en las negociaciones.

De esta forma Bolivia se quedó completamente sola en su posición, reclamando que el acuerdo no podía adoptarse por falta de consenso, entendiendo por consenso la unanimidad de los votos del plenario. Sin embargo Pablo Solón sabe (o debería saber) que la norma de aprobación por consenso es uno de los temas aún pendiente de resolución en el seno de la Convención. El artículo 42 del reglamento, donde se define el consenso, aún no ha sido consensuado, valga la tautología. El artículo tiene dos opciones en disputa y varias acepciones por las cuales las resoluciones pueden tomarse con mayorías especiales sin pretensión de unanimidad. Por lo tanto no hay una norma a la que acudir para ampararse en el consenso. (Todo esto sin considerar lo peligroso que puede resultar para los países en desarrollo, que son amplia mayoría en la Convención, el antecedente de que un solo país pueda vetar una decisión en la que todos los demás están de acuerdo).

Bolivia había organizado en abril de este año la Conferencia de los Pueblos en Cochabamba de donde surgieron una serie de acuerdos entre los miles de representantes de los movimientos sociales que allí se hicieron presentes. Bolivia, siendo un país pequeño y con poco peso en el seno de la Convención, intentó aumentar su cuota de poder apelando al apoyo social. Y lo logró. Pero luego no supo capitalizarlo en las negociaciones, porque no pudo aprovecharlas para sumar voluntades de otros países, y éstos son las que cuentan a la hora de decidir en la COP. No sé cual será estrategia futura de Bolivia, pero lo que dejó Cancún como enseñanza es que sostener los acuerdos de Cochabamba basándose solamente en el apoyo de la sociedad civil sin establecer alianzas de otro tipo con otros países, lo dejará aislado dentro de la Convención. Nada de esto niega las razones que pueda contener el Acuerdo de Cochabamba. Pero en las negociaciones internacionales no alcanza con la razón para imponerse a los demás.

Durban: próximo destino

El camino al próximo encuentro, la COP 17, está empedrado de problemas. Aún estamos lejos de poder asegurar que vaya a haber un acuerdo más completo a finales de 2011 en Durban, y mucho menos que ese acuerdo vaya a ser efectivo para combatir el cambio climático. Esto implicaría demasiadas concesiones por parte de los países más influyentes (desarrollados y en desarrollo) y no hay condiciones para que esto vaya a ser posible.

El trabajo de los negociadores a lo largo del próximo año será encontrar los temas y enfoques que puedan sumar algún capítulo más a los pocos que se acordaron en Cancún. Será todo un éxito si lo logran antes del próximo diciembre de 2011.

G. Honty es investigador en energía y cambio climático de CLAES, y fue observador en la COP 16 en Cancún (México). Publicado originalmente en EnergiaSur.com – el sitio web de CLAES sobre energía, cambio climático y sustentabilidad. Diciembre 2010.

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