Ecuador: Significados de la radicalización.

Pablo  Ospina

Pocas horas después de conocer su victoria electoral en primera vuelta, el domingo 26 de abril de 2009, el presidente Rafael Correa anunció la “radicalización” del proceso político y económico iniciado un poco más de dos años atrás (1). Un año después de ese anuncio, ¿qué podemos concluir sobre el significado del proceso de radicalización de la revolución ciudadana? ¿Hubo tal radicalización? Y si la hubo, ¿en qué consiste? Empezamos presentando muy brevemente el análisis de dos documentos donde por primera vez se recogen lineamientos explícitos de los principios ideológicos de la revolución ciudadana [...].

Ideología

En noviembre y diciembre de 2009 salieron a la luz dos textos que ayudan a comprender mejor la ideología y las concepciones políticas que subyacen a las acciones del gobierno ciudadano: Ecuador: de Banana Republic a la No República, de Rafael Correa;  y el llamado Plan del Buen Vivir, preparado por el equipo de la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo– SENPLADES (2) (entidad equivalente a un ministerio de planificación). Son documentos ideológicos y programáticos. Ninguno de ellos es una garantía de la acción práctica del gobierno. Puede haber distancias muy grandes entre las ideas y la práctica y no sólo por mala fe y mentiras envueltas en bellas palabras sino porque la política siempre juega con múltiples actores, con balances de fuerza y en condiciones no elegidas. Pero, tomando en cuenta estas precauciones, ambos documentos expresan, más claramente que cualquier otro, los horizontes ideológicos de PAIS.

El libro de Rafael Correa, escrito entre 1995 y 2005, con un trabajo adicional de puesta al día en el año 2009, es un contundente alegato a favor de una economía heterodoxa. Una denuncia del neoliberalismo y una serie de aproximaciones a políticas económicas bastante cercanas al keynesianismo. Mezcla evaluaciones de políticas económicas prácticas con alusiones a las doctrinas que las soportan. Muestra un verdadero compromiso ideológico contra la ortodoxia fundamentalista que gobernó al país en nombre de la “técnica” económica, desde la teoría de las ventajas comparativas hasta el aperturismo comercial indiscriminado, pasando por la doctrina del estado mínimo. Su fórmula, “sociedad con mercado, en lugar de sociedad de mercado” (3), retomada por SENPLADES (4), resume esa visión. En ese compromiso está contenido lo más “radical” de la concepción económica del gobierno.

Pero esa radicalidad revela también sus límites. En un pasaje del último capítulo, rechaza el término “capital humano” (y usa “talento humano”) porque convierte a las personas en un factor más de la producción. Sin embargo, al usar constantemente el término “capital natural” para sus análisis sobre la protección del ambiente, linda con la plena mercantilización de todos los valores y patrimonios de la tierra. Su presentación de la iniciativa ITT, la propuesta ecuatoriana de dejar casi 860 millones de barriles de petróleo bajo tierra, es perfectamente consistente con la perspectiva de reduccionismo económico que barniza todo su análisis económico. En efecto, el presidente Rafael Correa presenta la iniciativa sobre el campo petrolero Ishpingo- Tiputini–Tambococha (ITT) como una gran oportunidad revolucionaria para abrir un nuevo mercado de servicios ambientales. Muchos países del sur, ricos en patrimonio natural pero pobres en capital financiero, podrían así compensarse económicamente. Según el presidente, una nueva época podría abrirse en las relaciones económicas internacionales valorando financieramente, al fin, una riqueza despreciada y permitiendo un cambio notable en las transacciones mundiales. Ese es, según el presidente, su potencial revolucionario (5).

En realidad, lo único “revolucionario” de esa visión es haber encontrado un recurso natural más para exportar, como si fuera cobre o hierro. No es un cambio de modelo. Varias veces el presidente ha mencionado, como prueba de sus antiguas preocupaciones ambientalistas, que enseñó economía ambiental durante su carrera académica. Su comprensión de la “iniciativa Yasuní” es reveladora del tipo de economía ambiental que enseñaba. Una de las tendencias dominantes en la economía es considerar al ambiente como una variable “olvidada” que hay que incluir, como un factor más, como un capital, en los viejos modelos incompletos de producción y consumo. Por eso, se afanan en traducir al cómputo económico todos los valores ambientales y el patrimonio natural. Pero mantienen el modelo económico al que le hacen una “corrección”. En el fondo, el economicismo presidencial lo traicionó en un tema de fuertes connotaciones políticas, éticas y programáticas.

Por otra parte, ese mismo capítulo final termina de manera sorprendente, pero, al mismo tiempo, sincera. El desarrollo económico, nos dice el presidente, a diferencia de lo que creen los fundamentalistas económicos, depende también del “capital social” (la cohesión y confianza públicas), el “capital institucional” (reglas formales predecibles y claras) y el “capital cultural” (valores y reglas informales ancladas en la costumbre). Cuando ellas fallan, y el texto da a entender que en el Ecuador fallan completa y penosamente, queda el liderazgo: “Buenos líderes pueden ser fundamentales para suplir la ausencia de capital social, institucional y cultural” (Correa 2009: 195). El libro termina con esa reflexión. Escrito en blanco y negro, queda claro que el presidente en verdad cree que su humilde persona puede “suplir” a los actores sociales.

Por su parte, el Plan del Buen Vivir para el período 2009 – 2013 es innovador, radical y coherente. Entre sus principios orientadores figuran el regreso del Estado en su papel redistribuidor y orientador de la economía, lo que llama un igualitarismo republicano y un cambio del modelo de acumulación desde el viejo y conocido modelo primario–exportador, hacia uno endógeno, bio-centrado, basado en el aprovechamiento de los servicios de la biodiversidad, en el conocimiento y el turismo (6). Los cambios en el modelo de acumulación no pueden ser inmediatos porque se trata de una estructura resistente, muy antigua, que se reproduce por los incentivos del sistema mundial contemporáneo. El Plan traza una “ruta” de cambio en ese modelo durante cuatro fases de cuatro años cada una. Nada garantiza, por supuesto, que se lo aplique con coherencia, ni en estos cuatro años, ni en los siguientes doce. Su valor es otro: sirve para fijar un mapa para el camino, y un horizonte viable de transformación radical para el mediano plazo.

Muchas cosas pueden debatirse de los detalles del plan y de la estrategia de cambio en el modelo de acumulación. La inversión en la minería como estrategia clave para los próximos años es altamente incoherente con el propósito y la orientación de largo plazo; la insistencia en los servicios ambientales de los ecosistemas y la biodiversidad alude muchas veces a un proceso indebido de mercantilización a ultranza de la naturaleza; los territorios son tratados en varias ocasiones como piezas de un ajedrez nacional en el que tienen poco que opinar y cuyas orientaciones serán impulsadas por mecanismos puramente administrativos. El Plan, aunque el gobierno a veces lo trata así, no es una biblia con mandamientos que todos debemos acatar, sino un documento sujeto a debate político, a conflicto social, a controversia ética y a crítica intelectual.

Pero su principal debilidad es otra. La menciono a partir de un indicio. La plurinacionalidad del Estado ecuatoriano está tratada muy débilmente en el Plan, como un desafío irresuelto. Se la asocia ante todo a la conformación de las circunscripciones territoriales y como parte de la descentralización. Fuera de sus territorios, la plurinacionalidad es concebida como un esfuerzo de inclusión igualitaria de las personas y sus civilizaciones en la identidad nacional y en la política pública. No incluye un cambio en las estructuras institucionales del Estado central, un cambio que sólo puede concebirse como la aceptación de ciertas formas de autonomía para la toma de decisiones estatales por parte de los pueblos y nacionalidades. La autonomía no tiene por qué ser separatista. Se trata de algo análogo a la autonomía de las universidades, que podrían definir sus políticas, fijar sus prioridades dentro del marco de sus competencias y elegir a sus autoridades. ¿Por qué el Plan es tan débil en estos aspectos? Porque le faltan actores sociales. Aunque el texto del Plan es muy claro en plantear que hay tres factores que determinan su viabilidad (la fuerza del gobierno, el carácter de las coaliciones para impulsarlo y el contexto nacional e internacional no controlado), sus debilidades expresan la ausencia de una verdadera coalición para su mismo diseño. Hay un mapa del camino, pero faltan los caminantes. El Estado se afirma en solitario (7).

(1) Con posterioridad, el propio presidente ha ratificado la misma idea. Cfr. por ejemplo, el 17 de octubre de 2009, ante una multitud reunida en la plaza de San Francisco en Quito, y el 21 de abril de 2010 en la posesión de diez nuevos ministros (El Comercio, 18 de octubre de 2009, “El Presidente pidió apoyo a su proyecto”; El Telégrafo, 22 de abril de 2010, “Correa oxigena gabinete con rostros nuevos”).
(2) Rafael Correa Delgado 2009. Ecuador: de Banana Republic a la No República. Bogotá: Debate, Random House Mondadori; República del Ecuador, Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo 2009. Plan Nacional para el Buen Vivir 2009 – 2013: Construyendo un Estado Plurinacional e Intercultural. Versión resumida. Quito: SENPLADES.
(3) Correa (2009: 136).
(4) SENPLADES (2009: 121, nota 58, citando a José Luis Coraggio, versión completa).
(5) La expresión “capital natural” está en varios pasajes, cfr., por ejemplo, Correa (2009: 175). La presentación de la iniciativa ITT en Correa (2009: 186-9).
(6) Aunque está presente en varios pasajes, su presentación más detallada puede encontrarse en SENPLADES (2009: 91-5, de la versión completa). Otros analistas han resaltado las referencias conceptuales a Amartya Sen y John Rawls, típicamente liberales, al tiempo que señalan también la importancia de la definición ideológica del proyecto ciudadano en este documento (Jorge León y Mario Unda 2009. Diálogo sobre la coyuntura: tiempo de redefiniciones y opciones políticas. En Ecuador Debate. No. 78. Quito: CAAP. Diciembre, pp. 14-5).
(7) La referencia a los factores de viabilidad en SENPLADES (2009: 101), la sección sobre la plurinacionalidad, especialmente en SENPLADES (2009: 297-301)

P. Ospina es docente en la Universidad Andina Simón Bolívar y colaborador del Comité Ecuménico de Proyectos, CEP. El artículo es parte de un trabajo publicado en el Análisis de Coyuntura del CEP, mayo de 2010, y es reproducido con el permiso del autor. Junio 2010.

1 comentario

  • Por José Iván García Gutiérrez, 28 junio, 2010 @ 20:24

    Estimados articulistas de este portal web:

    Le escribe un ciudadano del Ecuador y por casualidad ingresé a su medio de información y lei este artículo del señor Ospina la cual manifiesto lo siguiente:
    La opinión escrita por el referido docente de la Universidad Andina Simón Bolívar carece de sentido profundo de análisis económico y social sobre la realidad del Ecuador durante los últimos 20 años (cuadros comparativos). Considero que para que exista un criterio de opinión veraz y oportuna sobre la politica económica de Ecuador, se deben de enviar una misión de investigadores académicos y no basarse en simples informaciones de la prensa que no se apegan a una veracidad absoluta.
    Espero no lesionar con mis palabras al referido profesional pero tengo la libertad de expresarme por mi pais y aclaro que jamás le di mi voto al Presidente Correa y se que el no esta gobernando para mí si no mas bien para la gente pobre y mas necesitada
    Un saludo

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